Alerta a la luz por Lucy Tomairo

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¿Has visto esa luz roja del auto, esa que te indica que la batería está baja o que alguna otra cosa anda mal? La persona a quien le gusta mantener sus objetos en  buen funcionamiento llevará su auto a un taller para una revisión, para evitar futuros gastos mayores, quizá deberá dejarla por unas horas o un día para su reparación. Mientras que, si vamos al otro extremo,  la persona más despreocupada y confiada dejaría pasar el tiempo y sólo cuando el auto se plante y ya no avance más vería la necesidad de llevarlo a reparar, pagando una cantidad más alta por las múltiples reparaciones que seguramente requerirá, ya que la no atención oportuna a una falla llevó a otra. En este caso quizá requiera más tiempo de lo pensado, llevándolo a incurrir en gastos extra para movilizarse o tener que levantarse más temprano para llegar a tiempo a su trabajo.

Ahora, piensa que en lugar de referirme a un auto, estoy hablando de nosotros mismos, de nuestro cuerpo físico, emocional y mental. Me dirás quizá que nosotros no somos máquinas y no contamos con una luz de ese tipo. Yo te preguntaría entonces “¿qué entiendes por síntoma?

De acuerdo a la Real Academia Española, síntoma es “la manifestación reveladora de una enfermedad. Una señal o indicio de algo que está sucediendo o va a suceder”. Pues ahí está síntoma sería el equivalente a aquella luz roja. Y sucede a menudo que actuamos más como el amigo que espera hasta que su auto ya no puede más en lugar de aquel otro que quiere evitar complicaciones innecesarias.

Nos pasa a nivel físico, cuando una dolencia se va haciendo evidente poco a poco hasta llegar a traer complicaciones médicas que requieren un tratamiento más invasivo. A nivel emocional cuando un evento nos puede generar tristeza y sentimientos de desesperanza,  que al no saber cómo manejarla o compartirla con alguien en busca de ayuda puede llevarnos a una  depresión que termine siendo crónica ya afectándonos a nivel mental.

Cada vez se escucha con más fuerza la teoría de que nuestras enfermedades físicas son generadas por las emociones y que a su vez nuestras emociones son generadas por nuestras ideas. Por ejemplo, la idea de que algo malo nos puede pasar a nosotros o a un ser querido nos genera temor, emoción que trae consigo una serie de cambios físicos y bioquímicos que tiene una finalidad adaptativa pero que de mantenerse por mucho tiempo afectan el normal funcionamiento de nuestro organismo.

Los síntomas requieren de nuestra atención y autoconocimiento para ser descifrados. Sucede muchas veces que es otra persona, un externo, quien nota cambios antes que nosotros mismos.  Cambios en nuestra forma de actuar, de hablar, en nuestro humor, incluso en nuestra forma de pensar. Si antes mostrábamos una actitud positiva ante la vida, con ganas de superación, miles de planes de acción y luego empiezan a oírnos andar quejumbrosos, con pensamientos negativos, descuidados en el vestir, hasta llegar a descuidar a nuestra familia y trabajo, es cuando saben que alguna situación que atravesamos nos afecta más cada día.

Por ello sólo veremos al síntoma como un aliado y cumplirá su función, si es que tratamos de vernos objetivamente, aceptarnos como somos y ser capaces de cambiar aquellas características personales y estilos de vida que no nos son de ayuda.

Recuerda, que el síntoma no es un castigo, sino más bien un aliado que te da esta alerta para que pongas de tu parte y realices lo necesario para que vuelvas a un equilibrio en tu vida.

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Lucy Tomairo
Licenciada en Psicología en la especialidad de Psicología Educativa en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con cursos de Diagnóstico e Intervención en Problemas de Aprendizaje de la lectura, escritura y matemática, así como de Estrategias de Enseñanza – Aprendizaje de las Matemáticas en niveles de Inicial y Primaria en el Instituto Psicopedagógico EOS Perú.
Actualmente me desempeño como Psicóloga Supervisora en el Programa Aprendamos Juntos – Fundación Custer en la sede de Villa María del Triunfo.

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