[vc_row el_id="1541376166462-4fe80c46-9519"][vc_column el_id="1541376166502-ebc9c820-c71e"][vc_column_text]En un parque o zona de juegos para niños, vemos diferentes conductas. Están aquellos niños que ni bien llegando, corren hacia los juegos, buscan jugar solos o acompañados y se acuerdan de su acompañante adulto sólo cuando necesitan que le facilite algo. Mientras que otros, se mantienen cogidos de la mano del adulto, no dan un sólo paso aunque muestran señales de querer jugar, el adulto es quien lo acerca y permanece casi “pegado” a él por pedido expreso del niño. Si por algún instante pierde de vista al adulto, el niño se muestra preocupado o hasta se pone a llorar. ¿Qué hace que algunos niños se muestren más seguros frente a determinadas situaciones y otros no? ¿cómo se desarrolla esa confianza? De acuerdo a investigaciones, se ha encontrado que la seguridad en los niños, así como su desarrollo social y afectivo, se explica en forma importante por el apego que éstos tienen con las personas que los cuidaron en los primeros años de vida. Y entonces ¿qué es el apego? El apego es entendido como el vínculo emocional que desarrolla el niño con su figura parental (cuidador) y que le proporciona la seguridad emocional (de confianza y proximidad), indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. Un niño con buen apego, frente a la separación tiene sentimientos de abandono y tristeza, por ello se esfuerza por llamar la atención del adulto ante la amenaza de perderlo. Cuando el cuidador (figura parental) responde a este llamado, el niño recupera la confianza y establece un apego saludable. Pero cuando su llamado no obtiene respuesta o esta respuesta es intermitente, el niño no establece un apego saludable, se genera en él una profunda sensación de inseguridad y sentimientos de no ser suficientemente valioso. Neva Milicic, psicóloga especializada en niños, plantea que existen algunas condiciones para lograr un buen apego:
  • Contar con un adulto cercano que brinde afecto y sensación de incondicionalidad.
  • Satisfacer las necesidades básicas en el momento oportuno y en la forma apropiada.
  • Generar rutinas predecibles que den seguridad (horarios, sueño, alimentación y estabilidad en las personas que lo cuidan).
  • Un ambiente tranquilo y con un alto grado de estabilidad.
  • Acompañar al niño en la exploración de lugares nuevos, dándole tiempo a que se acostumbre a las situaciones nuevas.
  • Demostrar afecto dentro de la familia. Y que él escuche que se le quiere y demostrárselo con caricias también.
  • Evitar exponerlo a maltrato físico y/o psicológico.
  • Generar confianza en ellos (darle responsabilidades de acuerdo a su edad)
  • No sobreproteger, sino permitirles que exploren sus límites y capacidades propias.
Recuerde, la calidad de los vínculos afectivos que una persona vaya estableciendo a lo largo de su vida, dependerá significativamente de la relación que haya tenido con sus cuidadores.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]