[vc_row el_id="1537806898964-450e0130-23fc"][vc_column el_id="1537806898986-b4dafca0-dbee"][vc_column_text]Los seres humanos somos sociales por naturaleza. Estamos programados para conectarnos con los demás: y es que cada vez que dos o más personas se encuentran o se comunican, en sus cerebros se inicia una suerte de danza emocional. En su conjunto, este sutil “tango de sentimientos” será más o menos armónico según el tipo de conexión existente entre las personas en cuestión. Nuestras relaciones moldean no solo nuestra experiencia sino también nuestra biología. Es así que se descubre que las personas que nos rodean tienen la capacidad de moldear y definir nuestros estados de ánimo y nuestra biología, al tiempo que nosotros ejercemos una influencia igual en ellos. Esa comprensión profunda de la influencia, que las relaciones tienen en nuestra vida y en la de los demás da origen a lo que puede llamarse la “inteligencia social”, cuyo desarrollo exige, a un mismo tiempo, conocer la forma en que funcionan las relaciones y comportarse adecuadamente en ellas. Una persona socialmente hábil podría, reconocer las energías emocionales hostiles y orientarlas para que se tornen positivas. Toda persona puede desarrollar mayor liderazgo social, perfeccionando su capacidad de entender los patrones de interacción social y así hacer que las personas se sientan naturalmente atraídas y lograr a su vez proyectar en ellas sentimientos positivos para sentirse así mismos valorados, amados, apreciados y respetados. Por otro lado las personas con bajos niveles de inteligencia social hacen que las personas se sientan incómodas, enojadas y disminuidas. Colocándose en una postura egoísta. Si usted está preocupado por su agenda y sus propios intereses, y será incapaz de percibir los intereses y necesidades de los demás, sus experiencias sociales sufrirán. Tendrá dificultades para que los demás interactúen y cooperen con usted. Las situaciones sociales nos ponen a prueba y muchas veces se nos complica lidiar con situaciones, por lo que es importante desarrollar nuestra inteligencia social. Un ejemplo magistral nos comenta Daniel Goleman en su libro Inteligencia Social: Un chico rechoncho cierra entonces los ojos unos instantes y respira profundamente, como si estuviera preparándose para un enfrentamiento. Pero luego se dirige a los demás con voz tranquila y serena diciendo: Sí, ya sé que no juego muy bien al fútbol, pero aun así voy a intentarlo y luego, tras una breve pausa, agrega: Pero lo cierto es que sé dibujar muy bien. Muéstrame algo y verás lo bien que lo dibujo. Después, dirigiéndose a su oponente, añade: ¡Me parece fantástico que sepas jugar bien al fútbol! ¡Me parece realmente fantástico! A mí también me gustaría jugar tan bien como tú. Quizás, si sigo entrenándome, acabe consiguiéndolo. La verdad es que no juegas tan mal responde entonces el primero, completamente desarmado, en un tono muy afectuoso: Si te interesa quizás pueda enseñarte algunas cosas. Es  un ejemplo de inteligencia social en  acción que puede acabar convirtiendo en una buena amistad lo que perfectamente podría haber generado una enemistad. Karl  Abrecht, autor de un libro de idéntico título al de Goleman, nos ofrece un enfoque menos académico de la inteligencia social, que describe como “la capacidad para llevarse bien con los demás y conseguir que cooperen con nosotros”. Para ello, este consultor distingue entre dos tipos de conducta según la respuesta social que obtenemos.
  • Comportamiento tóxico: hacen que los demás se sientan devaluados, intimidados, inadecuados, furiosos, frustrados o culpables con nuestros actos.
  • Comportamiento nutritivo: hacen que los demás se sientan valorados, capaces queridos, respetados y apreciados por nuestra parte.
Las personas de elevada inteligencia social resultan magnéticas, pues las personas que tratan con ellas se sienten alimentadas beneficiosamente por el encuentro.

En conclusión:

Como lo dijo Karl Albrecht “La capacidad de comportarse con habilidad en un abanico de situaciones sociales, hablar con el jefe, participar en una reunión, realizar  una presentación ante un grupo, compartir experiencias con el cónyuge o pareja, presentarse a una entrevista de trabajo, conlleva más sabiduría vital, un profundo conocimiento de la propia cultura, el saber acumulado que procede de la constante observación y el aprendizaje de lo que funciona y lo que no en las situaciones humanas” En un mundo difícil e imperfecto, azotado por las exigencias de todo tipo, tener una visión serena y distanciada, nos ayudará a evitar a tener calidad de vida en nuestras interacciones sociales.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]