Cuando la compañía también sana por Lucy Tomairo

Categoría: Consejos para padres, Familia

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido a alguna persona cercana que pasa por un momento en que su salud no es la mejor, incluso nosotros mismos. En mayor o menor grado la enfermedad es una compañera que aunque no sea de nuestro agrado está  en nuestra vida y puede aparecer desde que estamos en el vientre materno hasta que dejamos de respirar.

Los efectos que pudiera producirse varían de persona a persona, no es lo mismo un refriado en un joven o adulto sano que en un bebé, anciano o un adulto con alguna condición médica previa de cuidado. No es lo mismo sentir un dolor de cabeza a tener una enfermedad congénita u otra que ponga en riesgo la vida.

Según el portal del MINSA, desde 1992, el 11 de febrero se celebra en todo el mundo, la Jornada de Oración por los enfermos, una fecha promovida en el mundo por el Vaticano, específicamente por el Papa Juan Pablo II. Su objetivo es recordar lo importante de la oración y meditación por quienes sufren de alguna enfermedad. Pero así una persona sea católica o no, cuando enferma, debe saber lo importante que es recibir una palabra de aliento, una visita de apoyo o estar en los pensamientos de los demás, quienes esperan que mejoremos en esos momentos en que la salud parece alejarse de nosotros. Es una situación que pone a prueba a la familia, los amigos, al personal de salud y al mismo paciente.

Pero no sólo la salud física es la que debemos tener en cuenta, muchas veces olvidamos lo que podría estar detrás de esta enfermedad que se manifiesta como última instancia en nuestro cuerpo. La olvidada salud mental, a la que ignoramos y muchas veces es origen de los malestares físicos que podemos padecer.

Ya desde los años 30, Edward Bach, doctor en medicina y filosofía y licenciado en ciencias, planteaba que las enfermedades del cuerpo son síntomas, señalaba que nuestros temores, ansiedad y otros abrían la puerta a la invasión de la enfermedad. Esta idea que actualmente oímos con más fuerza y que destaca por ejemplo en cómo el stress de la vida diaria puede afectar nuestra salud no sólo mental, sino emocional y también física nos puede llevar a preguntarnos: “Y si lo mental y emocional puede llevarnos a enfermar, acaso ¿podría también llevarnos a sanar?”.

Seguramente has oído de experimentos donde, con ayuda de la música y palabras amorosas, crecieron hermosas plantas a comparación de otras sin los mismos estímulos. Antes no se creía posible esto, pero actualmente se sabe que las plantas detectan el sonido e incluso pueden diferenciar entre varios tipos de sonidos. Así que imagina, si podemos ayudar a una planta a crecer con estímulos del ambiente que incluyen música y palabras con contenido positivo, cómo no podría ayudar a una persona convaleciente a mejorar.

Un acompañamiento nunca está de más, una palabra de aliento, un abrazo y unas risas tampoco. Así sea un paciente que aparentemente no nos esté escuchando en su condición, como negarle seguir siendo tratado como persona, lo que incluye el comunicarnos con él o ella. No importa que no recibamos una respuesta a nuestras palabras, solo debe importarnos que mientras esa persona esté viva merece recibir afecto y atención, no sólo médica.

Por ello, la próxima vez que conozcas a alguien que esté pasando por dificultades en su salud, visítala, llámala o escríbele, lo que permita su condición; bríndale unas palabras de aliento y si se puede una conversación amena. Para ti quizá sea sólo un momento, pero para esta persona será de gran ayuda en su mejora, después de todo la risa siempre sana y así sea un chiste malo el que le cuentes, se reirá de todas maneras.

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Lucy Tomairo
Licenciada en Psicología en la especialidad de Psicología Educativa en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con cursos de Diagnóstico e Intervención en Problemas de Aprendizaje de la lectura, escritura y matemática, así como de Estrategias de Enseñanza – Aprendizaje de las Matemáticas en niveles de Inicial y Primaria en el Instituto Psicopedagógico EOS Perú.
Actualmente me desempeño como Psicóloga Supervisora en el Programa Aprendamos Juntos – Fundación Custer en la sede de Villa María del Triunfo.

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