Discapacidad intelectual: rompiendo mitos por Mabel Villena

Categoría: Crianza, Familia, Niños Sin comentarios

La Asociación Americana sobre Retardo Mental (AARM) define discapacidad intelectual como una condición, que resulta de la interacción de diversos factores personales, ambientales, niveles de apoyo y expectativas puestas en la persona. Es decir, si bien es cierto involucra que su coeficiente intelectual sea inferior al promedio de la población, también deben de evaluarse su habilidad adaptativa en las áreas de: comunicación, cuidado personal, salud y seguridad, vida en el hogar, entre otros. Puede presentarse de manera genética (síndrome de Down, por ejemplo) o adquirida (ambiente deprivado, daño cerebral, entre otros).

Hasta hace unos años se pensaba que para su diagnóstico bastaba con establecer cuál era el cociente intelectual, esto es, la relación entre la edad cronológica del niño y su edad mental. Antes, una puntuación menor a 70, tras la aplicación de un test psicométrico, era suficiente para afirmar que el niño tenía discapacidad intelectual.

Si bien esa puntuación es un indicador válido para diagnosticar la presencia de DI, hoy sabemos que la medida de cociente intelectual es sólo uno de los datos que pueden utilizarse para evaluar la inteligencia. Más aún, son muchos los autores que consideran que ésta va más allá de los números y que tiene que ver con la capacidad de las personas para aprender de la experiencia y adaptarse al medio. Hoy día sabemos, también, que la inteligencia no es un ingrediente del que podamos tener más o menos cantidad sino una respuesta cambiante que puede ser modificada a través del estímulo. Los especialistas reconocen que no hay sólo una manera de comprender, por lo tanto, no hay sólo una inteligencia. Son múltiples las formas en las que usamos nuestras habilidades para pensar y actuar de forma creativa y competente en el mundo.

Por eso fue necesario redefinir el concepto discapacidad intelectual. Para ir más allá de las etiquetas y las clasificaciones, para llegar a un concepto dinámico y abarcador que abra las puertas a apoyos más eficientes y a un trato incluyente para nuestros hijos.

Un niño con discapacidad intelectual es como todos los demás niños: un ser único, con su propia personalidad y con la habilidad de dar y recibir amor. Si rompemos el bloqueo emocional que puede provocar el diagnóstico y empezamos a actuar, iremos avanzando en nuestro propio proceso emocional al mismo tiempo que descubrimos la emoción y la alegría que nos proporciona cada avance de nuestro niño.

Los niños con discapacidad, parecen decir: venimos a contradecir. Al romper nuestras expectativas ponen de cabeza nuestro pequeño mundo en el que creíamos todo estaba bajo control.

Ser padres de un niño con necesidades especiales es un reto que estruja el corazón.

Nadie puede ser mejor padre que persona. Para poder vivir y crecer con un hijo con necesidades especiales necesitan, primero, aprender a vivir consigo mismos.

En este aprendizaje hay algo fundamental: terapeutas, médicos y maestros puede haber muchos y excelentes, pero el papel de mamá o papá sólo lo podemos cumplir aquellos a quienes la vida nos ha enviado un niño o niña con DI. La sociedad está llamada a ser fuente de soporte y, por sobre todo, de respeto y aceptación a las diferencias que se dan entre los seres humanos

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Mabel Villena
Licenciada en Psicología en la especialidad de Psicología Clínica en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Con 15 años de experiencia en el área educativa – comunitaria. Con formación Psicoterapéutica Geltalt y con un Diplomado de especialización en diseño y evaluación de proyectos sociales en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Experiencia sólida orientando a padres de familia y docentes, y brindando atención a niños del nivel inicial y primaria (1er y 2do grados) a través de programas de intervención psico educativos. Actualmente me desempeño como Psicóloga Supervisora en el Programa Aprendamos Juntos – Fundación Custer en las sedes de Pachacútec – Callao y Año Nuevo - Comas.

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