Edad apta para la escolaridad por Lucy Tomairo

Categoría: Educación, Niños

A casi un mes de empezar las clases escolares hay un tema pendiente de discusión y que causa una confrontación y opiniones diversas de padres, docentes, especialistas y parlamentarios.

En el año 2012 el Ministerio de Educación estableció el 31 de marzo como fecha de corte a partir del cual un niño o niña puede considerarse en una edad apta para ingresar al nivel primario. A partir de ahí se ha incrementado la cantidad de padres que consideran esto como una medida que afecta negativamente el avance escolar de sus niños y niñas.

Las frases que más se escuchan son las que señalan que los niños se atrasan con esta medida, que se les está discriminando, que ahora con la nueva tecnología son tan hábiles y capaces de poder estar en el nivel primario contando con 5 años de edad.

Mientras que el Minedu se ratifica en que la matrícula debe continuar realizándose como hasta ahora, basando esta decisión del 31 de marzo como límite, en investigaciones y evidencias científicas, académicas, pedagógicas y psicológicas, tanto nacionales como internacionales. Señalando que no significa que los niños pierdan tiempo; sino que por el contrario les generarán oportunidades que les permitan sentar las bases para su desarrollo integral. Y finalmente explicando que ser un estudiante exitoso no depende solo de lo intelectual, involucra aspectos emocionales, sociales y motrices que deben desarrollarse de acuerdo a su edad de manera armónica e integrada durante toda la educación básica.

Es en este último punto en el que deseo compartir las experiencias recogidas en estos 16 años que llevo formando parte del equipo de “Aprendamos Juntos”. Cada año, antes de empezar las clases escolares, el programa se encarga de hacer una evaluación de las habilidades previas en lectoescritura y cálculo que un niño debe haber desarrollado para decir que tiene lo básico necesario para iniciar su aprendizaje en primer grado. Luego, al calificar las pruebas vamos identificando a los niños cuyo resultado en ambas áreas han sido las más bajas. Lo más probable es que estos niños sean con quienes trabajemos durante dos años, primer y segundo grado, buscando desarrollar aquellas habilidades que aún no se encuentren en el nivel esperado para su edad e irlos emparejándolos con su compañeros.

Cuando no existía aún este corte del 31 de marzo tan explícito como hoy, podíamos encontrar entre nuestros niños que ya formaban parte del Programa, a niños y niñas que eran menores a comparación de sus compañeros de aula. Niños que a pesar de ser muy hábiles intelectualmente, se les dificultaba expresar sus opiniones, por timidez o simplemente porque no se integraban al grupo, otros se distraían con facilidad, queriendo jugar todo el tiempo y dificultándoseles mantenerse en una tarea y/o seguir instrucciones que se daban al grupo. Niños que quizá ya sabían las vocales y algunas letras, incluso escribían palabras, pero que no habían desarrollado habilidades básicas como la conciencia fonológica, importantes para un adecuado aprendizaje de la lectoescritura. Niños que podían contar hasta 50 o 100, pero que no comprendían la relación de un número con su cantidad. Si le pedías contar desde el 11 debían empezar desde el número 1 ya que no comprendían la noción de series en los números. O en el peor de los casos, que fueron forzados a las planas y copiar y copiar letras sin ejercitar adecuadamente su motricidad gruesa y fina, importantes en diversas áreas como por ejemplo la orientación espacial y posteriormente la escritura.

Claro que estas características las puedes encontrar también en niños mayores, pero para ellos era mucho más fácil irse integrando; van aprendiendo a compartir y ser más tolerantes consigo mismo y sus compañeros. En cambio los niños más pequeños muchas veces muestran una gran intolerancia la frustración, bajo nivel de atención y concentración en las tareas y necesidad de desplazarse y jugar.

Un niño necesita desarrollar sus habilidades integralmente, no sólo de conocimiento, sino también por ejemplo el poder desenvolverse socialmente sin tener que ser el centro de atención constantemente, poder coger un lápiz adecuadamente y no cansarse después de escribir algunas palabras o mantener una conversación  sin dejar a su interlocutor con la palabra en la boca o empezar a hablar de un tema totalmente distinto.

Si tienes un niño o niña pequeños y también ha pensado en que podría estar “perdiéndose” un año de su vida, te hago una pregunta: ¿A los quince años ya sabías con seguridad lo que querías hacer de tu vida en el futuro?

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Lucy Tomairo
Licenciada en Psicología en la especialidad de Psicología Educativa en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con cursos de Diagnóstico e Intervención en Problemas de Aprendizaje de la lectura, escritura y matemática, así como de Estrategias de Enseñanza – Aprendizaje de las Matemáticas en niveles de Inicial y Primaria en el Instituto Psicopedagógico EOS Perú.
Actualmente me desempeño como Psicóloga Supervisora en el Programa Aprendamos Juntos – Fundación Custer en la sede de Villa María del Triunfo.

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