Entonados por Daniel Peña

Publicado por Daniel Peña Categoría: Crianza

De muchos de los niños con los que he trabajado en Aprendamos Juntos, recuerdo el caso de Arturo, un niño que tenía la fama de ser “malcriado”, que no le interesaba lo que se trabajaba en el salón, o que molestaba a sus compañeros; era lo que algunas personas llaman un niño difícil.

Era complicado poder desarrollar una sesión grupal con Arturo presente, pues solía distraerse rápidamente y distraer a sus compañeros en el proceso; y cuando estaba solo, no mostraba mucho interés en lo que se hacía y no prestaba atención, por ende no se podía realizar las actividades planteadas.

Buscando maneras de poder llegar a él, me di cuenta que algo que le llamaba la atención era un pequeño tambor que teníamos en nuestra aula, que usualmente lo usábamos para hablar de la categoría de instrumentos musicales, pero lo comencé a usar con Arturo para iniciar las sesiones de trabajo. Así que formamos nuestra pequeña banda de percusión: le hacía tocar rápido, lento, fuerte, despacio, intercalando las manos, los ritmos y los tiempos. Luego, lo cambiamos por un xilófono de colores, y le traté de enseñar una que otra canción usando hojas con círculos de colores según las notas.

Y felizmente fuimos testigos de cómo todo empezaba a fluir. Fue muy interesante poder ver cómo Arturo se tranquilizaba con la música, cómo atendía para poder seguir los colores y tocar una canción. Y era genial que después de esa primera actividad, continuaba atendiendo las demás actividades de trabajo. Todo mejoraba haciendo un poco de música al inicio de las sesiones.

Hoy la música está tomando un papel importante en la educación de los niños, y no es para menos, investigaciones están mostrando que el aprender a tocar un instrumento ayuda a los niños a:

  • Desarrollar los sistemas sensorio motor.
  • Aumentar la capacidad para atender y memorizar.
  • Desarrollar el pensamiento espacial.
  • Desarrollar el autocontrol y la autonomía
  • Expresarse de distintas formas.
  • A sentir, lo que facilita la fijación de aprendizajes.
  • Desarrollar la autoestima, sentirse más seguro de sí mismos.
  • Desarrollar la creatividad, entre otras.

Con tantos beneficios, sería bueno que las escuelas puedan preocuparse por tener un curso de música para los alumnos, o en todo caso que los padres de familia, puedan buscar que sus hijos aprendan a tocar algún instrumento.

Con los pequeños que están desarrollando su capacidad motriz, los instrumentos de percusión son una buena opción, por que ayudan justamente al control motriz.

La flauta, por ser pequeña y liviana, también es recomendable para poder comenzar; esta ayuda al control de la respiración, a identificar las notas y a entrenar el oído.

Y también están la guitarra y el piano, que ya son un poco más complejas y se recomienda para niños a partir de los 7 u 8 años de edad.

Lo ideal será que el niño sea quien elija el instrumento que le gusta, pues el acercamiento a la música tiene que ser algo que le agrade, algo que quiere y no algo obligado que termine siendo más una carga que un beneficio.

Entonces, ahora es momento de darles la oportunidad a nuestros hijos de disfrutar la música y poder tocarla. Esto también influirá mucho en su aprendizaje.

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Daniel Peña
Licenciado en Psicología, en la especialidad de Psicología Educativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Diplomado en Estimulación Temprana bajo el enfoque de inteligencias múltiples en el Instituto de Aprendizaje e Innovaciones Educativas (INFAMILE). Diplomado en Neuroeducación con mención en primera infancia en el Centro Iberoamericano de Neurociencia, educación y desarrollo humano. Con curso de Conciencia Fonológica en el Centro Peruano de Audición y Lenguaje (CPAL). Actualmente me desempeño como Psicólogo Supervisor en dos aulas del Programa Aprendamos Juntos – Fundación Custer en Ventanilla-Callao.

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