Hipoacusia: discapacidad auditiva por Maritza Cantera

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En el día a día los niños nos enseñan que hay varias formas de construir un barco, de armar un rompecabezas o de dibujar un animal, ellos son los grandes maestros de la diversidad.

Un niño con discapacidad siente que el problema es él, pues tendemos a verlo desde el enfoque “el problema es el niño”: estamos tratando de nivelarlo o de ajustarlo a la norma. En este escenario los padres y niños se sienten desde culpables hasta estigmatizados por la sociedad. Falta educación, falta condiciones como sociedad, es cierto, pero empecemos por incorporar en nuestro rol como adultos un enfoque más humano donde se aprecia la diversidad valorando las fortalezas y talentos, ese es el camino a la inclusión. La discapacidad no es un padecimiento es una condición. Hoy hablaremos sobre la Hipoacusia, que es una disminución en la capacidad auditiva y que es importante estar pendiente de los síntomas de alerta.

¿Mi niño escucha o no?

Hay muchos niños que no aprendieron a hablar de pequeños porque no escuchaban, al no aprender a hablar no tiene el vocabulario suficiente para darse a entender, para explicar, ya que no aprendieron los sonidos. La discapacidad auditiva es la pérdida auditiva ya sea total o parcial, donde se ve disminuida la capacidad para oír debido a una lesión en una zona del sistema auditivo. Se pueden clasificar según el grado: leve, moderada, severa o profunda; la etiología, la lesión y el momento de aparición.  El niño empieza a tener problemas para comunicarse y a partir del diagnóstico se requiere una intervención oportuna médica y educativo a la vez.

ESTAR ALERTAS: Detección temprana

Se ha demostrado la importancia de la detección temprana, ya que un niño que es diagnosticado antes los 6 meses e inicia rehabilitación logra desarrollar un lenguaje completamente normal de acuerdo a su edad. Las pérdidas podrían ocurrir antes o después de adquirir el lenguaje y es por eso que la visitas a los especialistas como el médico otorrino y el pediatra son fundamentales en sus controles correspondientes.

Además de los factores de nacimiento, tener presente que todos estamos expuestos a riesgos como el escuchar música con audífonos con mucho volumen o estar expuestos a ruidos ambientales fuertes, presentar tapón de cerumen, sufrir de infecciones como la otitis, uso de algunos antibióticos, entre otros.

Señales de alerta en los primeros meses (Correa, 2011):

  • No reacciona a los ruidos, no interrumpe la succión frente un ruido o cuando le habla la madre, recién a los dos o tres meses empiezan a inquietarse
  • A los 3-6 meses, no desvía la mirada cuando se le habla
  • No percibe, o lo hace apenas, las entonaciones; pero si los gestos expresivos
  • Se queda indiferente ante los ruidos a su alrededor
  • Lalea: emite sonidos “da-da”- “ma, ma”, pero su laleo es menos rico. En el caso que no se le preste atención a su laleo

Señales de alerta en edad escolar, en la escuela o casa:

  • Niños que parecen distraídos, hay que repetirles dos o tres veces, que parecen que tienen problemas de atención o conducta, deben pasar por un despistaje auditiva temprano.
  • Ponen la tele alta
  • Piden que le repiten las indicaciones
  • No escuchan ciertos sonidos como los teléfonos

Existe las emisiones otoacústicas que es una prueba objetiva que te dice si el niño escucha o probablemente no escucha, es un filtro a tener en cuenta. Se pueda hacer desde recién nacidos o más adelante. Luego sería ideal una evaluación más completa con un audiólogo para determinar la metodología a seguir y el uso de auxiliares auditivos como el implante coclear o los audífonos.

La clave es la detección temprana, la intervención temprana y la inclusión temprana. Cuidemos estos aspectos pues de ello depende la adquisición del lenguaje oral más delante de un niño con discapacidad auditiva.  Villalba (1996)

  • El estado neurológico
  • Capacidad de aprendizaje del niño
  • Edad que se adquirió su prótesis auditiva
  • Entrenamiento auditivo y logopédico
  • La participación y la actitud de los padres, la exposición a los estímulos del habla y la respuesta del entorno.

Un adulto sensible es aquel que acepta que su hijo tome la iniciativa al comunicarse, que se adapta para compartir el momento: realiza juegos de cara a cara, comenta, toma turnos, imita, realiza preguntas, etc.) y agrega nuevas experiencias como el utilizar gestos, nombrar nuevas palabras, repetir lo que el niño dice.

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Maritza Cantera
Licenciada en Psicología, en la especialidad de Psicología Educativa en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Segunda especialidad en Intervención Temprana con niños con/ sin necesidades educativas especiales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Actualmente llevo el curso MOOC del Ministerio de Educación. Brindo consultorías de manera particular a instituciones educativas. Me desempeño como Psicóloga Supervisora en el Programa Aprendamos Juntos - Fundación Custer en las sedes de Chorrillos y San Martín de Porres.

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